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miércoles, 13 de abril de 2016

Dunas blancas


La luna en la que Dana desobedeció la prohibición de su abuelo Admún  de visitar a su joven abuela Imany, perdió el miedo a mostrar su monstruoso aspecto.

Admún protegía a su nieta de los rayos del sol y de Imany, y aprovechaba cualquier ocasión para criticar a la joven abuela.

- Es una bruja, una auténtica sájira, capaz de predecir el futuro leyendo en los posos del té

viernes, 14 de agosto de 2015

Amigo imaginario


De niña le contaba mis cosas a Johni, un caballo blanco al que solo yo veía.

Por las tardes, cuando llegaba del colegio y merendaba mi bocadillo de Nocilla, me iba corriendo a la orilla del río y lo cruzaba, pisando sobre las piedras, para no mojarme. En el otro lado, ya en el bosque, saltaba por encima de los matorrales, las piedras y los troncos. Tenía prohibido ir a la montaña porque había lobos pero yo corría y corría pues era un caballo blanco, igual que mi amigo Johni, y los lobos eran como nosotros, seres solitarios. (Siga leyendo)

viernes, 20 de febrero de 2015

Secretos de colegio


El día en que comenzó a salirle a Carmela el sarpullido negro en los brazos, un misterioso incidente ocurrido en un tren con parada en su localidad mantuvo en vilo a todo el  país. Contaban los medios que, tal y como se pueden ver en las grabaciones de seguridad, el ferrocarril entró en el túnel que atraviesa el monte mágico de los Templarios a las 08:50h de la mañana y salió media hora antes retornando a su punto de partida. Los pasajeros, perplejos,  juran... (continúa)

domingo, 9 de febrero de 2014

Leyendas a orillas del Mar Menor

Atardece en Santiago de la Ribera. Dos mujeres, vestidas de militar, caminan despacio hacia la playa. Dejan tras ellas la entrada de la Academia General del Aire. Se acercan a un grupo de eucaliptos que hay junto a la orilla.
Se detienen frente al tronco de uno de los árboles y una de ellas lo acaricia. Aprieta los labios, agacha la cabeza y suspira antes de comenzar a hablar.

- Desde hace 10 años, casi todas las tardes, paso por aquí, pero hoy estarás tú aquí- dijo Laura, sollozando y temblorosa, dirigiéndose a Ángela, su médico- Conocí a Nacho cuando yo tenía 19 años y él 17; por entonces yo preparaba mi oposición para el Ejército del Aire…¡por Dios, Ángela, ayúdame!

sábado, 25 de enero de 2014

El unicornio púrpura

Recostada junto a mi unicornio púrpura acaricié sus ojos húmedos; él me miró y los cerró. Al oído le susurré la que siempre fue nuestra canción de amor y él, amargamente lloró. Exhalé mi aliento en su cuello y clavé mi daga en su pecho. Su cuerpo se contrajo hasta partirse y ni siquiera gimió.


Arranqué su corazón caliente y latiendo lo enterré, envuelto en seda roja, junto a la Mandrágora. Las hadas dijeron que era la manera de poner fin al hechizo de la mirada de la Mamba Negra.

Mil años vagué por los bosques y cada luna llena quitaba las hierbas de su tumba hasta que llegó el día que de la tierra asomó un capullo de seda roja.

Lo desenterré y lo llevé a nuestra cueva. 

La crisálida fue creciendo, se transformó en el más hermoso y majestuoso de los unicornios y regresó junto a su manada.

Pasaron otros mil años. Yo lo amaba cada día más pero él ya no me reconocía.

Clavé las uñas en la tierra, en esa misma tierra dónde una vez custodié su alma. Cavé hasta sangrar; el dolor me consolaba.

Cubrí de arena las piernas y la cintura. Corté mis venas y antes de darme la estocada mortal me despedí de mi vieja amiga la Mandrágora. Ella, con sus ramas, terminaría de enterrar mi cuerpo.

No tembló mi pulso pero mi mente quedó paralizada ante la mirada intensa de unos ojos.


Cuenta la leyenda que Derom, el rey de los unicornios, se adentró un amanecer en el bosque y vio bajo un arbusto, enroscada en el suelo, a la Mamba Negra. Sintió un dolor terrible en el pecho y su mente, de pronto, recobró la memoria que la sierpe le arrebató.

Cortó y atravesó con su cuerno la cabeza de la serpiente y la lanzó a lo lejos. Quedó estupefacto al ver unos cabellos dorados que sobresalían de la tierra y escarbó. Gritó con impotencia al reconocer el rostro de Gea, su esposa.

Aún estaba caliente pero el mal del reptil se había apoderado de ella. Con su asta abrió el pecho de la muchacha y sacó su corazón. La Mandrágora le entregó un pañuelo de seda roja para envolverlo y enterrarlo.

Quemó la cabeza de la Mamba Negra y esparció sus cenizas sobre la arena que cubría a Gea, tal y como le dijeron las hadas.

Esperó mil años. Cada luna llena quitaba las hierbas que crecían sobre la tumba. Por fin un día, de la tierra asomó un capullo de seda roja.

Lo desenterró y lo llevó a su cueva. 

La crisálida fue creciendo, se transformó en la más bella y majestuosa de las mujeres.

Pasaron otros mil años. Él la amaba cada día más y ella al oído, como tantas veces, le cantaba aquella canción de amor.

jueves, 2 de enero de 2014

El ritual

En la montaña gris y a la luz de una gran hoguera se encontraba, al atardecer, la tribu reunida.

Te plantaste frente al Consejo en la última luna de invierno y solicitaste el ritual para convertirte en guerrero – dijo solemnemente Zulkur, el rey.- Hoy nos sentimos orgullosos de ti y tu familia goza ahora de gran honor.

El Hechicero nos relató con asombro la manera en que aguantaste de pie, cuatro días y cuatro noches sin comer, ni beber, ni dormir.

No te quejaste y ni siquiera hiciste una mueca de dolor cuando tatuaron con hierro candente todo tu cuerpo.

Metimos por tu garganta y nariz unas plumas para que vomitaras tu niñez, impasible mirabas los restos en el suelo.

En tu rostro no apareció ni un signo de debilidad cuando, al oscurecer, entraste en la gruta de la manada de la gran loba blanca, que tanto daño ha hecho a nuestro pueblo.

Al amanecer, cuando llegaron a recogerte, estabas de pie en la entrada de la cueva, portabas las garras de la bestia y de tu boca no escapó ni un lamento a pesar de la herida del terrible zarpazo que cruzaba tu pecho. Jamás nadie había realizado un acto tan heroico y demostraste gran piedad al perdonar la vida de sus cachorros.

Hoy podemos dormir por fin tranquilos. Es un gran día para todos nosotros y nos has liberado de nuestro peor enemigo pero aún así, tenemos normas, costumbres y leyes que no dejan que tú, bella Szuan, seas un guerrero.

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Szuan, un año después, recordaba ese momento y el dolor que sintió ante esas palabras. Dolor incomparable al que ahora le mordía las entrañas mientras escuchaba, a solas en la tienda del jefe, el veredicto del Consejo de Ancianos.

Quedas expulsada de nuestro poblado – dijo Zulkur con voz de hielo- trajiste la desgracia a nuestras casas cuando mataste al gran lobo blanco. Desde entonces la gente no es supersticiosa y cuestiona nuestras decisiones y, por si fuera poco, ya no son necesarios los guerreros que, fielmente, nos obedecían. ¡Vete! Diremos que has muerto y que eres un demonio, un fantasma para nosotros ya que, solo así, volverá la paz y el orden a esta tribu.

Esa noche nadie lloró por ella.

Al amanecer Szuan escuchaba a lo lejos el griterío de la tribu. Sobre su caballo respiró en paz, profundamente; bajo la ladera veía al gentío que, horrorizado, miraba las cabezas empaladas de Zulkur, la del Hechicero y las de los ancianos del Consejo.

Cabalgaba despacio por el valle. La acompañaba una manada de lobos.